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De la mano del Dr. Jesús Vázquez, este podcast explora cómo las alteraciones del ecosistema microbiano pueden contribuir a distintos endotipos de asma y plantea el potencial de nuevas estrategias terapéuticas dirigidas a restaurar su equilibrio. Una mirada innovadora que podría transformar el abordaje del asma en los próximos años.
Dr. Jesús Vázquez Domínguez
FEA de Neumología
Hospital Universitario Virgen del Valme. Sevilla
Dr. Carlos Blanco Mota
Adjunto del Servicio de Alergología
Hospital Universitario 12 de Octubre. Madrid.
De la mano de la Dra. Alicia Enríquez, este podcast nos plantea cómo una mejor comprensión de los mecanismos inmunológicos y las herramientas diagnósticas actuales puede contribuir a una detección más temprana y precisa de la enfermedad.
Dra. Alicia Enríquez Matas
Servicio de Alergología
Hospital Universitario La Paz. Madrid
Las especies de Aspergillus son hongos filamentosos que pueden causar varias enfermedades. En el caso de Aspergillus fumigatus nos encontramos con un hongo “termófilo”, es decir, capaz de proliferar a 37 °C, a diferencia de otros hongos como Alternaria alternata o Cladosporium herbarum, que presentan temperaturas óptimas de crecimiento más bajas.
Los seres humanos inhalan diariamente miles de esporas de A. fumigatus, pero la mayoría son eliminadas rápidamente con el aire exhalado a menos que las condiciones de la vía aérea (como lesiones epiteliales, aumento de la secreción y/o disminución de la fluidez del moco o inflamación local) favorezcan su persistencia local.
La presentación clínica de la enfermedad pulmonar por Aspergillus dependerá de la interacción entre el hongo y el huésped, y está determinada por el estado inmunitario y la presencia de enfermedad broncopulmonar previa. Abarca un amplio espectro de síndromes: desde la enfermedad invasiva en pacientes gravemente inmunodeprimidos hasta la aspergilosis pulmonar crónica o afecciones alérgicas en individuos inmunocompetentes.
El diagnóstico de estas enfermedades suele ser complejo debido a la superposición de características clínicas con otras enfermedades pulmonares y la ausencia de una prueba gold estándar. Para llegar al diagnóstico se necesita una combinación de hallazgos clínicos, radiológicos, microbiológicos y/o inmunológicos.
Aunque existen criterios diagnósticos y de clasificación publicados, la presentación clínica inespecífica y otras dificultades diagnósticas como falta de puntos de corte claros en las pruebas inmunológicas, hacen que a menudo estas patologías pasen desapercibidas o se retrase su identificación.
La detección de anticuerpos frente a Aspergillus es una característica diagnóstica clave de la CPA (aspergilosis pulmonar crónica, por sus siglas en inglés) y la ABPA (aspergilosis broncopulmonar alérgica), pero los puntos de corte no están claramente establecidos. Los valores publicados se basan en estudios con un número reducido de pacientes, a veces de un solo centro y con características sociosanitarias muy distintas a las de nuestra área.
Los criterios originales para el diagnóstico de la ABPA propuestos por Rosenberg-Patterson, así como los criterios actualmente utilizados de la Sociedad Internacional de Micología Humana y Animal (ISHAM), ISHAM-ABPA, integran fundamentalmente características clínicas y biomarcadores. El grupo de la ISHAM propone en su guía en 2024 descartar la sensibilización a Aspergillus en todos los adultos con diagnóstico reciente de asma en entornos de atención terciaria. En niños, se recomienda evaluar la sensibilización a Aspergillus únicamente en aquellos con asma de difícil control.
Existe consenso en realizar las siguientes pruebas inmunológicas en casos sospechosos de ABPA: IgE e IgG específicas frente a A. fumigatus, IgE total sérica y recuento de eosinófilos en sangre periférica.
Actualmente se entiende que el cribado eficaz de la ABPA comienza con la determinación de la IgE específica frente a A. fumigatus; si es mayor de 0,35 kUA/L, en el siguiente paso se evalúa la IgE total, considerando valores superiores a 500 kU/L para el diagnóstico.
Se diagnosticará ABPA en aquellos pacientes con condiciones predisponentes o una presentación clínico-radiológica compatible, en los que se demuestre sensibilización a Aspergillus (IgE específica o pruebas cutáneas en prick test) y una IgE total sérica ≥500 IU·ml⁻¹, y dos de los siguientes:
El punto de corte de la IgG frente a A. fumigatus en inmunoensayos automatizados varía respecto a la recomendación del fabricante y entre distintos ensayos y poblaciones. Por ejemplo, los valores de corte utilizados en India (≥27 mgA·L−1) y Japón (≥60 mgA·L−1) también difieren del punto de corte del Reino Unido (≥40 mgA·L−1; recomendado por el fabricante). Por este motivo, en la última revisión de la ISHAM 2024, los expertos recomiendan utilizar puntos de corte específicos de la población para interpretar la IgG específica frente a Aspergillus.
Por otro lado, la aspergilosis pulmonar crónica (APC) incluye varios cuadros clínicos, como el aspergiloma, la aspergilosis crónica cavitada, la aspergilosis crónica fibrosante y la aspergilosis crónica necrotizante. Estas formas clínicas de aspergilosis se suelen observar en pacientes con daño pulmonar previo como tuberculosis, ABPA, cáncer de pulmón resuelto, neumotórax con formación de bullas, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o sarcoidosis fibrocavitada. El diagnóstico de la aspergilosis pulmonar crónica (APC) se basa en la combinación de cuatro pilares fundamentales:
– síntomas respiratorios prolongados (tos, expectoración, hemoptisis, fatiga, pérdida de peso y disnea durante > 3 meses),
– imágenes radiológicas características,
– evidencia microbiológica del hongo y
– pruebas serológicas positivas.
La presencia de anticuerpos IgG específicos frente a Aspergillus es el criterio serológico más importante y está presente en más del 90% de los casos. Sin embargo, el tipo de ensayo y el punto de corte de nuevo, no está bien definido, variando los puntos de corte medidos por ImmunoCAP de 20 mgA/L a 70 mgA/L, según las distintas poblaciones evaluadas.
Nuestro estudio tuvo como objetivo determinar los puntos de corte diagnósticos para la IgG específica frente a Aspergillus fumigatus en enfermedades pulmonares asociadas a Aspergillus en nuestra población.
Para ello realizamos un estudio observacional retrospectivo anidado en una cohorte histórica, analizando valores de IgG e IgE específicas frente a Aspergillus spp. medidas por ImmunoCAP (Thermo Fisher Scientific, Uppsala, Suecia), en pacientes diagnosticados con enfermedad pulmonar asociada a Aspergillus y aquellos con otras enfermedades respiratorias (controles).
Se evaluaron 101 pacientes, de los cuales doce sujetos (siete hombres y cinco mujeres) habían sido diagnosticados con enfermedad pulmonar asociada a Aspergillus: diez con ABPA, uno con CPA (aspergilosis pulmonar cavitaria crónica y aspergiloma) y otro con con aspergilosis invasiva.
Para evaluar el rendimiento diagnóstico de la AF-IgG en la enfermedad pulmonar asociada a Aspergillus, se calculó la curva ROC. El AUC fue de 0,904 (IC 95%: 0,82–0,98), lo que indica una alta capacidad de discriminación diagnóstica. El valor de corte óptimo derivado del análisis ROC fue de 55,5 mgA/L, con una sensibilidad del 91,7% y una especificidad del 88,8%. Además, el valor predictivo positivo fue de 0,53 y el valor predictivo negativo de 0,98.
Este trabajo representa una aportación al estudio sobre la utilidad diagnóstica de la IgG específica frente a Aspergillus fumigatus en las enfermedades pulmonares asociadas a Aspergillus. En un contexto en el que las guías ISHAM 2024 recomiendan emplear puntos de corte adaptados a cada población, este estudio aporta información sobre posibles valores de corte en nuestra área.
Desde la perspectiva alergológica, estos resultados refuerzan la necesidad de interpretar la IgG como parte de un enfoque multidimensional que incluya sensibilización IgE, IgE total, eosinofilia y hallazgos radiológicos. Ningún biomarcador aislado debe sustituir al juicio clínico.
La principal limitación del estudio es el reducido número de pacientes con enfermedad pulmonar asociada a Aspergillus. No obstante, el trabajo tiene un importante valor práctico porque responde a una necesidad real de la práctica clínica: disponer de umbrales diagnósticos adaptados al entorno local.
El trabajo constituye un paso hacia una medicina de precisión en ABPA y la primera referencia española sobre puntos de corte de AF‑IgG, proporcionando una base para futuros estudios multicéntricos.
Fuente: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40254542/
Dra. Alicia Enríquez
Servicio de Alergología. Hospital Universitario 12 de Octubre. Madrid.
En este episodio de Epitelio Plus, analizamos el papel de tezepelumab en la vía aérea unificada y su impacto en los distintos fenotipos de inflamación tipo 2, a la luz de los estudios PATHWAY, NAVIGATOR, CATNIP y WAYPOINT.
La Dra. Gloria Jiménez , especialista en Alergología e Inmunología Clínica, nos guía por la evidencia y la práctica clínica real para entender dónde estamos… y hacia dónde vamos.
Dra. Gloria Jiménez
Alergóloga e Inmunóloga Clínica
Hospital Universitario de Badajoz
La broncodilatación es uno de los pilares de la función pulmonar y, durante años, sus criterios han formado parte de nuestra rutina clínica casi de manera automática. Sin embargo, la evidencia evoluciona, y con ella, nuestra forma de interpretar pruebas aparentemente bien establecidas.
En este episodio de Epitelio Plus, nos detenemos en un cambio clave que invita a replantear conceptos clásicos: la actualización de los criterios de respuesta broncodilatadora propuesta por las guías ATS/ERS. ¿Por qué era necesario este cambio? ¿Qué impacto tiene en la práctica diaria? ¿Y cómo debemos interpretar ahora una prueba tan utilizada como la espirometría postbroncodilatador?
Hoy, la Dra. Betancor, nos pone el foco en dónde estamos y hacia dónde vamos.
Dra. Diana Betancor
Alergóloga
Hospital Universitario La Paz. Madrid
En la última década, y de forma contundente en los últimos tres años, se ha consolidado un cambio de paradigma: la rinitis alérgica (RA) y el asma grave no son entidades aisladas, sino expresiones de un mismo proceso, dominado por la inflamación de tipo 2 y en el que el epitelio respiratorio actúa como eje patogénico central. En este contexto, el epitelio respiratorio no solo actúa como escudo físico, sino que además procesa señales de peligro ambientales (exposoma: alérgenos, contaminantes, virus y bacterias) y las traduce en una cascada de citocinas proinflamatorias denominadas alarminas.
Este cambio de enfoque desplaza el protagonismo “clásico” del linfocito Th2 al estudio de la barrera epitelial y sus citocinas derivadas (TSLP, IL-33, IL-25) que, además de explicar la fisiopatología de la RA, constituyen el nexo biológico esencial en los pacientes con el fenotipo de «vía aérea única» (RA coexistente con asma grave).
Este giro de concepto tiene dos implicaciones críticas. La primera, nos obliga a dejar de considerar la RA como una patología “benigna” y periférica, para entenderla como un marcador de disfunción epitelial sistémica. La segunda, abre la puerta a intervenciones terapéuticas dirigidas a bloquear las señales “upstream” que inician la cascada de tipo 2 antes de que el proceso se vuelva crónico.
Barrera epitelial nasal: estructura, función y vulnerabilidad
El epitelio respiratorio de la mucosa nasal constituye una barrera altamente especializada, formada por un epitelio cilíndrico pseudoestratificado ciliado, unido mediante complejos de unión (uniones estrechas, adherentes y desmosomas). En condiciones de inflamación, esta barrera se ve comprometida por una capa de moco en la que predomina patológicamente la mucina MUC5AC en detrimento de la mucina transmembrana protectora MUC1, lo que altera el aclaramiento mucociliar. Esta arquitectura garantiza, en condiciones de homeostasis, que el paso de antígenos sea selectivo; limitando la entrada de alérgenos y patógenos, pero permitiendo una exposición controlada necesaria para la tolerancia inmunológica.
Los estudios recientes sobre RA realizados en biopsias nasales y modelos in vitro apuntan a mecanismos moleculares bien definidos que interactúan entre sí:
-Alteración de las uniones estrechas y adherentes. La reducción de ZO‑1, ocludina, claudina‑1 y E‑cadherina se traduce en una caída de la resistencia eléctrica transepitelial y en un aumento del paso paracelular de moléculas. Esta pérdida responde tanto a cambios transcripcionales como a procesos de proteólisis de sus dominios extracelulares.
-La actividad proteolítica de algunos alérgenos, como Der p1 (con actividad proteasa), es capaz de escindir proteínas de unión estrecha, favoreciendo una ruptura mecánica de la barrera. Este mecanismo genera un círculo vicioso: a mayor daño de barrera, mayor penetración de alérgenos y, por tanto, mayor sensibilización y respuesta inflamatoria.
-Citocinas inflamatorias y remodelado del citoesqueleto. Citocinas de tipo 2, como IL-4 y especialmente la IL-13, modulan la expresión de proteínas de unión y reorganizan el citoesqueleto de actina, ampliando los espacios intercelulares. Citocinas proinflamatorias como TNF‑α e IFN‑γ presentes en fenotipos mixtos refuerzan estas alteraciones a través de cambios transcripcionales y post‑traduccionales.
-Vías de estrés, apoptosis y liberación de ADN extracelular. La exposición a determinados alérgenos (por ejemplo, hongos del género Alternaria) induce la liberación de ATP, activación del receptor P2X7 y desencadenamiento de cascadas de caspasa‑3, con apoptosis epitelial y liberación de ADN extracelular. Este ADN actúa como un DAMP (patrón molecular asociado al daño) que amplifica la inflamación tipo 2 y se asocia a mayor infiltración eosinofílica y producción de moco. La literatura reciente identifica las trampas extracelulares de neutrófilos (NETs) y las de eosinófilos (EETs) como mallas que atrapan alérgenos, perpetuando la inflamación y dificultando el aclaramiento mucociliar.
-Influencias ambientales y microbiota. Contaminantes atmosféricos (diésel, partículas finas) generan estrés oxidativo epitelial, vía receptor de hidrocarburos arilo (AhR), y potencian la disrupción de la barrera. La microbiota nasal y productos bacterianos, incluidos superantígenos de Staphylococcus aureus, añaden capas de activación inflamatoria crónica, convirtiendo al epitelio en un tejido en permanente estado de alerta que reacciona de forma exagerada a estímulos banales.
Desde una perspectiva integradora, estos mecanismos confluyen en un epitelio estructuralmente dañado, funcionalmente hiperreactivo y programado para favorecer la inflamación más que la tolerancia. Este “epitelio filtrante” deja de ser una barrera eficiente y se convierte en una puerta de entrada facilitada para alérgenos enzimáticamente activos y contaminantes, especialmente en individuos genéticamente predispuestos.
En la RA, los defectos funcionales intrínsecos y la debilidad de los mecanismos de protección del epitelio nasal conducen a una liberación excesiva de alarminas como TSLP, IL-33 e IL-25 tras la estimulación alérgica. Por ello, actúan como iniciadores clave, desencadenando la respuesta inmunitaria inflamatoria tipo 2 “downstream”.
Los principales mediadores críticos que dictan la magnitud de la respuesta inflamatoria son:
-Linfopoyetina Estromal Tímica (TSLP): Es una citocina de tipo IL-7 que actúa como el interruptor principal de la respuesta adaptativa. La TSLP se une a su receptor (TSLPR e IL-7Rα) en las células dendríticas (CD) CD11c+, induciendo la expresión de OX40L. Esta señal instruye a los linfocitos T vírgenes para diferenciarse en células Th2 de memoria (productoras de IL-4, IL-5 e IL-13). Además, la TSLP puede activar directamente a mastocitos y basófilos de forma independiente de la IgE, lo que explica la respuesta en pacientes con asma «no atópica».
-Interleucina-33 (IL-33): Miembro de la familia de la IL-1, se almacena en el núcleo de las células epiteliales y se libera tras el daño celular o necrosis. Actúa sobre su receptor, el ST2; expresado altamente en las células linfoides innatas de tipo 2 (ILC2). Es el estímulo más potente para la producción masiva de IL-5, correlacionándose directamente con la eosinofilia tisular profunda y el remodelado de la vía aérea. En fenotipos con alta carga de ADN extracelular y trampas de moco, la IL-33 es el mediador clave.
-Interleucina-25 (IL-25 / IL-17E): Producida en células caliciformes y quimiosensoriales (tuft cells), actúa de forma sinérgica con las anteriores. Promueve la expansión de las ILC2 y refuerza la señalización de tipo 2, exacerbando la metaplasia de las células caliciformes, la supervivencia de los eosinófilos y la hipersecreción de moco.
Este circuito epitelio–alarminas–ILC2/Th2 es el núcleo de la inflamación de tipo 2 moderna. La disfunción de barrera deja de ser un simple “facilitador” y pasa a ser el evento iniciador que convierte un epitelio sano, tolerogénico, en un epitelio patológico, proalérgico.
Rinitis alérgica y asma grave: una única enfermedad de la vía aérea
El modelo de “vía aérea única” cobra una nueva dimensión cuando se interpreta a la luz de la biología epitelial. La misma combinación de disfunción de barrera, liberación de alarminas y activación de ILC2 y Th2 se observa, con matices, en la mucosa nasal de la rinitis y en el epitelio bronquial del asma.
En la RA, el defecto de barrera permite que los alérgenos atraviesen el epitelio y sean captados por células presentadoras de antígeno, que inducen respuestas Th2 e IgE específicas. La exposición subsecuente a alérgeno desencadena una fase inmediata mediada por mastocitos y basófilos (histamina, leucotrienos, prostaglandinas) responsable de estornudos, rinorrea y prurito; seguida de una fase tardía con quimiocinas y citocinas que reclutan eosinófilos, linfocitos y basófilos. El epitelio inflamado produce quimiocinas (eotaxina, RANTES) y aumenta la expresión de moléculas de adhesión ICAM 1, VCAM 1; facilitando el flujo de células inflamatorias. Los eosinófilos liberan proteínas tóxicas que dañan aún más el epitelio, perpetuando el defecto de barrera y la hiperrespuesta nasal. Con el tiempo, se suman cambios estructurales (hiperplasia glandular, aumento de terminaciones neurales y vasculares) que explican la congestión persistente y la respuesta exagerada a irritantes.
En el asma alérgica grave, la misma lógica se aplica a la vía aérea inferior. La IgE específica actúa como factor causal inicial, pero la eosinofilia bronquial y el remodelado son consecuencia de una cascada inflamatoria mantenida, en gran parte alimentada por alarminas epiteliales y citocinas tipo 2. Las ILC2, activadas por TSLP, IL 25 e IL 33; producen IL 5 e IL 13 incluso sin reconocimiento clásico de antígenos, lo que ayuda a explicar la persistencia de inflamación aun cuando no hay exposición evidente a alérgenos. Esta inflamación crónica conduce a hipertrofia de músculo liso, engrosamiento de membrana basal y aumento de moco, favoreciendo obstrucción y hiperreactividad bronquial.
Clínicamente, rinitis y asma se potencian mutuamente: la RA se asocia a peor control asmático, mayor hiperreactividad y más exacerbaciones, mientras que el tratamiento adecuado de la vía aérea superior (corticoides intranasales, inmunoterapia en casos seleccionados) mejora parámetros de asma.
Desde mi punto de vista, seguir considerando rinitis y asma como entidades separadas resulta conceptualmente ineficiente. Si el epitelio es el verdadero “órgano diana”, cualquier intervención que no contemple de manera conjunta la vía aérea superior e inferior corre el riesgo de ser parcial, especialmente en fenotipos graves.
Implicaciones terapéuticas: del bloqueo “downstream” al abordaje “upstream”
En los últimos años se ha producido una auténtica explosión de terapias biológicas para el asma grave de tipo 2 (anti‑IgE, anti‑IL‑5/IL‑5R, anti‑IL‑4Rα), con impacto también sobre la rinitis asociada. Sin embargo, todas estas dianas operan en un nivel relativamente “downstream” de la cascada inflamatoria: una vez que la respuesta tipo 2 está plenamente establecida.
El reconocimiento del papel central de TSLP, IL‑33 e IL‑25 sugiere una estrategia complementaria: bloquear la señal de alarma epitelial antes de que se active el módulo Th2/ILC2. Los anticuerpos monoclonales frente a TSLP y frente a IL‑33 (o su receptor) representan ejemplos paradigmáticos de esta aproximación “upstream”, con resultados en reducción de exacerbaciones, mejora de función pulmonar y descenso de marcadores inflamatorios tipo 2 en asma grave.
Paralelamente, se investigan biomarcadores que reflejen de forma fiable la integridad de la barrera epitelial y la actividad de TSLP, IL‑33 e IL‑25, así como posibles ventanas de intervención temprana en pacientes con RA para prevenir la progresión hacia asma grave. También se evalúan las consecuencias a largo plazo de la inhibición sostenida de estas vías sobre la respuesta frente a infecciones y otros desafíos inmunológicos.
En conjunto, la literatura reciente sitúa la disfunción de la barrera epitelial, la liberación de alarminas y la inflamación de tipo 2 como núcleo patogénico compartido de RA y asma grave; y respalda estrategias terapéuticas que combinan la restauración de la barrera con la modulación selectiva de citocinas epiteliales y efectores de tipo 2.
El siguiente paso lógico sería evaluar de forma sistemática su impacto conjunto sobre rinitis y asma; y explorar si su uso temprano en pacientes con RA con alto riesgo (por ejemplo, biomarcadores de daño epitelial o alarminas elevadas) puede modificar la historia natural y prevenir la progresión hacia asma grave. La progresiva incorporación de tecnologías multiómicas y la mejor comprensión de la red inmunogenética de la RA apuntan a un cambio de paradigma: desde un manejo centrado casi exclusivamente en el control sintomático hacia un modelo de prevención, diagnóstico y terapéutica de precisión, guiados por las características moleculares de cada paciente.
La caracterización del perfil de biomarcadores de cada paciente podría permitir anticipar la respuesta a determinados fármacos biológicos y seleccionar de forma racional el tratamiento óptimo para cada individuo. Además, el estudio del uso combinado de biológicos e inmunoterapia alérgeno-específica pretende alcanzar una tolerancia inmunitaria más profunda y sostenida, con el objetivo de lograr remisiones prolongadas o incluso plantear el concepto de “cura funcional”.
Conclusión
En este contexto, mi posición es que debemos avanzar decididamente hacia una medicina de precisión centrada en el epitelio, pero con una prudencia proporcional a la profundidad de la intervención. Restaurar la integridad de la barrera (mediante medidas farmacológicas y no farmacológicas) y modular de forma inteligente las señales de alarma epitelial debería ser el núcleo de una estrategia integrada para RA y asma grave.
En definitiva, un modelo de enfermedad que no coloque al epitelio en el centro corre el riesgo de llegar siempre demasiado tarde.
Dra. Gloria Jiménez
Servicio de Alergología. Hospital Universitario de Badajoz
En este podcast, profundizaremos en la afectación de la vía aérea distal y su valoración con oscilometría, y la respuesta a tezepelumab para mejorar el control de la enfermedad y reducir la tasa de exacerbaciones en pacientes con asma grave.
Dra. Rocío Díaz Campos
Neumóloga
Hospital Universitario 12 de Octubre. Madrid
Dra. Leticia de las Vecillas Sánchez
Servicio de Alergología
Hospital Universitario La Paz. Madrid
Dra. Isabel Muñoz Ramírez
Servicio de Neumología
Hospital Infanta Elena. Huelva
The Role of Viral Infections on Severe Asthma Exacerbations: Present and Future. Arch Bronconeumol
Las infecciones respiratorias virales constituyen el principal desencadenante de las exacerbaciones asmáticas, responsables de hasta el 80 % de los episodios en adultos. Más allá de su papel como factor precipitante, los virus respiratorios modulan de manera decisiva la fisiopatología del asma mediante la activación de respuestas inmunes tipo 1 (T1) y tipo 2 (T2), la alteración de la barrera epitelial bronquial y la inducción de un microambiente inflamatorio mixto que condiciona la respuesta terapéutica, especialmente frente a los corticosteroides.
La respuesta antiviral epitelial: un eslabón vulnerable en el asma
El epitelio respiratorio no es un mero elemento estructural, sino un componente inmunológicamente activo que orquesta la detección y la contención de los virus respiratorios mediante la producción de interferones tipo I y III (IFN-α, IFN-β, IFN-λ). En el asma, sin embargo, las células epiteliales presentan una disminución de la capacidad antiviral intrínseca, con una producción reducida de interferones y un aumento paralelo en la liberación de citocinas epiteliales denominadas alarminas (IL-25, IL-33, TSLP).
Estas alarminas inducen la activación de linfocitos Th2 y de células linfoides innatas tipo 2 (ILC2), generando una amplificación de la inflamación eosinofílica y de la hiperrespuesta bronquial. De forma simultánea, la alteración de las uniones intercelulares epiteliales favorece la penetración de alérgenos e irritantes, perpetuando un círculo vicioso de inflamación tipo 2 y vulnerabilidad a nuevas infecciones virales.
Interacción entre las vías T1 y T2: del paradigma dicotómico al continuo inflamatorio
El estudio de Fahy et al., basado en el programa longitudinal SARP-3, aporta evidencia molecular sobre la coexistencia y el solapamiento de las respuestas T1 y T2 en el asma. Mediante el análisis transcriptómico de esputo en 347 pacientes con asma (782 muestras), los autores definieron tres grandes endotipos inflamatorios:
Este fenotipo «dual» mostró una mayor gravedad clínica y, de forma destacada, una marcada resistencia a la terapia corticoidea sistémica. Aunque la triamcinolona intramuscular suprimió eficazmente la expresión génica T2, la expresión T1 persistió con escasa modulación y la mejoría funcional (FEV₁) se observó tan solo en los sujetos T1-bajo/T2-alto. En presencia de la inflamación T1 concomitante, la clásica respuesta favorable de los T2-altos al tratamiento con esteroides se vio sustancialmente atenuada.
Evidencia de infección viral subclínica persistente
El hallazgo más innovador del estudio radica en la asociación entre la inflamación T1 y la detección viral persistente en la vía aérea inferior.
El análisis metagenómico de las muestras reveló la presencia de material genómico viral en el 24 % de los esputos asmáticos, incluso en fases estables de la enfermedad. Los virus identificados con más frecuencia fueron los rinovirus humanos (A, B y C) y el coronavirus, responsables en conjunto del 87 % de las detecciones.
Las muestras con alta carga viral presentaron una expresión 1,8 veces superior de genes T1 y una probabilidad 14 veces mayor de clasificarse como T1-altas. De forma relevante, los pacientes con fenotipo T1-alto y carga viral elevada mostraron FEV₁ significativamente más bajo que los T1-altos sin replicación viral detectable, lo que sugiere que la infección viral subclínica contribuye activamente a la inflamación T1 corticosteroide-resistente y a la pérdida funcional.
De la exacerbación viral al «asma viralmente modulado»
Ojanguren et al., ya anticipaban que la interacción entre los virus respiratorios y el epitelio bronquial constituye un eje patogénico clave, no solo en las exacerbaciones, sino también en la persistencia del asma grave.
El contacto viral induce un espectro de alteraciones:
Este entorno inflamatorio híbrido —eosinofílico y neutrofílico a la vez— describe con precisión el fenotipo T1/T2-mixto, caracterizado por una activación simultánea de las vías antivirales e inflamatorias tipo 2, y por una respuesta subóptima a los corticosteroides.
Implicaciones terapéuticas: restaurar la competencia antiviral y modular la inflamación dual
El manejo del asma grave asociado a infecciones virales debe considerar no solo la supresión de la inflamación T2, sino también la restauración de la inmunocompetencia antiviral del epitelio. En este sentido, los tratamientos biológicos emergen como moduladores duales con potencial efecto indirecto sobre la respuesta T1:
Estos mecanismos sugieren que la eficacia clínica de los biológicos en la prevención de las exacerbaciones podría deberse, al menos, en parte, a su capacidad para restaurar la homeostasis epitelial y potenciar las defensas antivirales, más allá de la supresión clásica de la inflamación tipo 2.
Conclusiones
La integración de los hallazgos de Fahy et al. permite redefinir el asma no como una entidad estática, sino como un proceso inmuno-epitelial dinámico modulado por infecciones virales subclínicas.
La coexistencia de las inflamaciones T1 y T2 en un porcentaje relevante de pacientes, su variabilidad temporal y su impacto en la respuesta a corticosteroides plantean la necesidad de un nuevo marco de clasificación transcripcional y funcional del asma grave.
Restaurar la competencia antiviral epitelial, identificar la presencia de virus respiratorios persistentes mediante técnicas metagenómicas y monitorizar la expresión de firmas génicas T1/T2 podrían convertirse en elementos clave de la medicina de precisión en el asma del futuro.
Bibliografía
Figura 1

Figura 2

Dr. Íñigo Ojanguren Arranz
Jefe clínico de la Unidad de Asma
Servicio de Neumología
Hospital Universitari Vall d’Hebron