"use strict";(self.webpackChunkelementor=self.webpackChunkelementor||[]).push([[9937],{29937:e=>{e.exports=JSON.parse('{"example":{"component":"Örnek Bileşen"}}')}}]); Artículo de opinión – Epitelio+ https://epitelioplus.com Divulgación científica y formación continuada de enfermedades respiratorias asociadas a la disfunción del epitelio bronquial Thu, 30 Jul 2026 15:12:39 +0000 es hourly 1 https://epitelioplus.com/wp-content/uploads/2024/06/cropped-favicon-32x32.png Artículo de opinión – Epitelio+ https://epitelioplus.com 32 32 Punto de corte de IgG sérica frente a Aspergillus fumigatus para el diagnóstico de enfermedad pulmonar asociada a Aspergillus: análisis de una cohorte histórica. https://epitelioplus.com/2026/07/29/4151/ Wed, 29 Jul 2026 14:54:34 +0000 https://epitelioplus.com/?p=4151 Punto de corte de IgG sérica frente a Aspergillus fumigatus para el diagnóstico de enfermedad pulmonar asociada a Aspergillus: análisis de una cohorte histórica.

Las especies de Aspergillus son hongos filamentosos que pueden causar varias enfermedades. En el caso de Aspergillus fumigatus nos encontramos con un hongo “termófilo”, es decir,  capaz de proliferar a 37 °C, a diferencia de otros hongos como Alternaria alternata o Cladosporium herbarum, que presentan temperaturas óptimas de crecimiento más bajas.

Los seres humanos inhalan diariamente miles de esporas de A. fumigatus, pero la mayoría son eliminadas rápidamente con el aire exhalado a menos que las condiciones de la vía aérea (como lesiones epiteliales, aumento de la secreción y/o disminución de la fluidez del moco o inflamación local) favorezcan su persistencia local.

La presentación clínica de la enfermedad pulmonar por Aspergillus dependerá de la interacción entre el hongo y el huésped, y está determinada por el estado inmunitario y la presencia de enfermedad broncopulmonar previa. Abarca un amplio espectro de síndromes: desde la enfermedad invasiva en pacientes gravemente inmunodeprimidos hasta la aspergilosis pulmonar crónica o afecciones alérgicas en individuos inmunocompetentes.

El diagnóstico de estas enfermedades suele ser complejo debido a la superposición de características clínicas con otras enfermedades pulmonares y la ausencia de una prueba gold estándar. Para llegar al diagnóstico se necesita una combinación de hallazgos clínicos, radiológicos, microbiológicos y/o inmunológicos.

Aunque existen criterios diagnósticos y de clasificación publicados, la presentación clínica inespecífica y otras dificultades diagnósticas como falta de puntos de corte claros en las pruebas inmunológicas, hacen que a menudo estas patologías pasen desapercibidas o se retrase su identificación.

La detección de anticuerpos frente a Aspergillus es una característica diagnóstica clave de la CPA (aspergilosis pulmonar crónica, por sus siglas en inglés) y la ABPA (aspergilosis broncopulmonar alérgica), pero los puntos de corte no están claramente establecidos. Los valores publicados se basan en estudios con un número reducido de pacientes, a veces de un solo centro y con características sociosanitarias muy distintas a las de nuestra área.

Los criterios originales para el diagnóstico de la ABPA propuestos por Rosenberg-Patterson, así como los criterios actualmente utilizados de la Sociedad Internacional de Micología Humana y Animal (ISHAM), ISHAM-ABPA, integran fundamentalmente características clínicas y biomarcadores. El grupo de la ISHAM propone en su guía en 2024 descartar la sensibilización a Aspergillus en todos los adultos con diagnóstico reciente de asma en entornos de atención terciaria. En niños, se recomienda evaluar la sensibilización a Aspergillus únicamente en aquellos con asma de difícil control.

Existe consenso en realizar las siguientes pruebas inmunológicas en casos sospechosos de ABPA: IgE e IgG específicas frente a A. fumigatus, IgE total sérica y recuento de eosinófilos en sangre periférica.

Actualmente se entiende que el cribado eficaz de la ABPA comienza con la determinación de la IgE específica frente a A. fumigatus; si es mayor de 0,35 kUA/L, en el siguiente paso se evalúa la IgE total, considerando valores superiores a 500 kU/L para el diagnóstico.

Se diagnosticará ABPA en aquellos pacientes con condiciones predisponentes o una presentación clínico-radiológica compatible, en los que se demuestre sensibilización a Aspergillus (IgE específica o pruebas cutáneas en prick test) y una IgE total sérica ≥500 IU·ml⁻¹, y dos de los siguientes:

  • IgG específica frente a hongos,
  • eosinofilia en sangre periférica o
  • hallazgos sugestivos en las pruebas de imagen.

El punto de corte de la IgG frente a A. fumigatus en inmunoensayos automatizados varía respecto a la recomendación del fabricante y entre distintos ensayos y poblaciones. Por ejemplo, los valores de corte utilizados en India (≥27 mgA·L−1) y Japón (≥60 mgA·L−1) también difieren del punto de corte del Reino Unido (≥40 mgA·L−1; recomendado por el fabricante). Por este motivo, en la última revisión de la ISHAM 2024, los expertos recomiendan utilizar puntos de corte específicos de la población para interpretar la IgG específica frente a Aspergillus.

Por otro lado, la aspergilosis pulmonar crónica (APC) incluye varios cuadros clínicos, como el aspergiloma, la aspergilosis crónica cavitada, la aspergilosis crónica fibrosante y la aspergilosis crónica necrotizante. Estas formas clínicas de aspergilosis se suelen observar en pacientes con daño pulmonar previo como tuberculosis, ABPA, cáncer de pulmón resuelto, neumotórax con formación de bullas, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o sarcoidosis fibrocavitada. El diagnóstico de la aspergilosis pulmonar crónica (APC) se basa en la combinación de cuatro pilares fundamentales:

– síntomas respiratorios prolongados (tos, expectoración, hemoptisis, fatiga, pérdida de peso y disnea durante > 3 meses),

– imágenes radiológicas características,

– evidencia microbiológica del hongo y

– pruebas serológicas positivas.

La presencia de anticuerpos IgG específicos frente a Aspergillus es el criterio serológico más importante y está presente en más del 90% de los casos. Sin embargo, el tipo de ensayo y el punto de corte de nuevo, no está bien definido, variando los puntos de corte medidos por ImmunoCAP de 20 mgA/L a 70 mgA/L, según las distintas poblaciones evaluadas.

Nuestro estudio tuvo como objetivo determinar los puntos de corte diagnósticos para la IgG específica frente a Aspergillus fumigatus en enfermedades pulmonares asociadas a Aspergillus en nuestra población.

Para ello realizamos un estudio observacional retrospectivo anidado en una cohorte histórica, analizando valores de IgG e IgE específicas frente a Aspergillus spp. medidas por ImmunoCAP (Thermo Fisher Scientific, Uppsala, Suecia), en pacientes diagnosticados con enfermedad pulmonar asociada a Aspergillus y aquellos con otras enfermedades respiratorias (controles).

Se evaluaron 101 pacientes, de los cuales doce sujetos (siete hombres y cinco mujeres) habían sido diagnosticados con enfermedad pulmonar asociada a Aspergillus: diez con ABPA, uno con CPA (aspergilosis pulmonar cavitaria crónica y aspergiloma) y otro con con aspergilosis invasiva.

Para evaluar el rendimiento diagnóstico de la AF-IgG en la enfermedad pulmonar asociada a Aspergillus, se calculó la curva ROC. El AUC fue de 0,904 (IC 95%: 0,82–0,98), lo que indica una alta capacidad de discriminación diagnóstica. El valor de corte óptimo derivado del análisis ROC fue de 55,5 mgA/L, con una sensibilidad del 91,7% y una especificidad del 88,8%. Además, el valor predictivo positivo fue de 0,53 y el valor predictivo negativo de 0,98.

Este trabajo representa una aportación al estudio sobre la utilidad diagnóstica de la IgG específica frente a Aspergillus fumigatus en las enfermedades pulmonares asociadas a Aspergillus. En un contexto en el que las guías ISHAM 2024 recomiendan emplear puntos de corte adaptados a cada población, este estudio aporta información sobre posibles valores de corte en nuestra área.

Desde la perspectiva alergológica, estos resultados refuerzan la necesidad de interpretar la IgG como parte de un enfoque multidimensional que incluya sensibilización IgE, IgE total, eosinofilia y hallazgos radiológicos. Ningún biomarcador aislado debe sustituir al juicio clínico.

La principal limitación del estudio es el reducido número de pacientes con enfermedad pulmonar asociada a Aspergillus. No obstante, el trabajo tiene un importante valor práctico porque responde a una necesidad real de la práctica clínica: disponer de umbrales diagnósticos adaptados al entorno local.

El trabajo constituye un paso hacia una medicina de precisión en ABPA y la primera referencia española sobre puntos de corte de AF‑IgG, proporcionando una base para futuros estudios multicéntricos.

Fuente: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40254542/

Dra. Alicia Enríquez
Servicio de Alergología. Hospital Universitario 12 de Octubre. Madrid.

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Revisión de los mecanismos inmunopatogénicos de la rinitis alérgica y la influencia de las citocinas epiteliales. https://epitelioplus.com/2026/03/30/del-linfocito-th2-al-epitelio-el-origen-de-la-enfermedad/ Mon, 30 Mar 2026 14:59:43 +0000 https://elguateque.es/epitelioplus.com_new/?p=4014 Del linfocito Th2 al epitelio: El origen de la enfermedad

En la última década, y de forma contundente en los últimos tres años, se ha consolidado un cambio de paradigma: la rinitis alérgica (RA) y el asma grave no son entidades aisladas, sino expresiones de un mismo proceso, dominado por la inflamación de tipo 2 y en el que el epitelio respiratorio actúa como eje patogénico central. En este contexto, el epitelio respiratorio no solo actúa como escudo físico, sino que además procesa señales de peligro ambientales (exposoma: alérgenos, contaminantes, virus y bacterias) y las traduce en una cascada de citocinas proinflamatorias denominadas alarminas.

Este cambio de enfoque desplaza el protagonismo “clásico” del linfocito Th2 al estudio de la barrera epitelial y sus citocinas derivadas (TSLP, IL-33, IL-25) que, además de explicar la fisiopatología de la RA, constituyen el nexo biológico esencial en los pacientes con el fenotipo de «vía aérea única» (RA coexistente con asma grave).

Este giro de concepto tiene dos implicaciones críticas. La primera, nos obliga a dejar de considerar la RA como una patología “benigna” y periférica, para entenderla como un marcador de disfunción epitelial sistémica. La segunda, abre la puerta a intervenciones terapéuticas dirigidas a bloquear las señales “upstream” que inician la cascada de tipo 2 antes de que el proceso se vuelva crónico.

Barrera epitelial nasal: estructura, función y vulnerabilidad

El epitelio respiratorio de la mucosa nasal constituye una barrera altamente especializada, formada por un epitelio cilíndrico pseudoestratificado ciliado, unido mediante complejos de unión (uniones estrechas, adherentes y desmosomas). En condiciones de inflamación, esta barrera se ve comprometida por una capa de moco en la que predomina patológicamente la mucina MUC5AC en detrimento de la mucina transmembrana protectora MUC1, lo que altera el aclaramiento mucociliar. Esta arquitectura garantiza, en condiciones de homeostasis, que el paso de antígenos sea selectivo; limitando la entrada de alérgenos y patógenos, pero permitiendo una exposición controlada necesaria para la tolerancia inmunológica.

Los estudios recientes sobre RA realizados en biopsias nasales y modelos in vitro apuntan a mecanismos moleculares bien definidos que interactúan entre sí:

-Alteración de las uniones estrechas y adherentes. La reducción de ZO‑1, ocludina, claudina‑1 y E‑cadherina se traduce en una caída de la resistencia eléctrica transepitelial y en un aumento del paso paracelular de moléculas. Esta pérdida responde tanto a cambios transcripcionales como a procesos de proteólisis de sus dominios extracelulares.

-La actividad proteolítica de algunos alérgenos, como Der p1 (con actividad proteasa), es capaz de escindir proteínas de unión estrecha, favoreciendo una ruptura mecánica de la barrera. Este mecanismo genera un círculo vicioso: a mayor daño de barrera, mayor penetración de alérgenos y, por tanto, mayor sensibilización y respuesta inflamatoria.

-Citocinas inflamatorias y remodelado del citoesqueleto. Citocinas de tipo 2, como IL-4 y especialmente la IL-13, modulan la expresión de proteínas de unión y reorganizan el citoesqueleto de actina, ampliando los espacios intercelulares. Citocinas proinflamatorias como TNF‑α e IFN‑γ presentes en fenotipos mixtos refuerzan estas alteraciones a través de cambios transcripcionales y post‑traduccionales.

-Vías de estrés, apoptosis y liberación de ADN extracelular. La exposición a determinados alérgenos (por ejemplo, hongos del género Alternaria) induce la liberación de ATP, activación del receptor P2X7 y desencadenamiento de cascadas de caspasa‑3, con apoptosis epitelial y liberación de ADN extracelular. Este ADN actúa como un DAMP (patrón molecular asociado al daño) que amplifica la inflamación tipo 2 y se asocia a mayor infiltración eosinofílica y producción de moco. La literatura reciente identifica las trampas extracelulares de neutrófilos (NETs) y las de eosinófilos (EETs) como mallas que atrapan alérgenos, perpetuando la inflamación y dificultando el aclaramiento mucociliar.

-Influencias ambientales y microbiota. Contaminantes atmosféricos (diésel, partículas finas) generan estrés oxidativo epitelial, vía receptor de hidrocarburos arilo (AhR), y potencian la disrupción de la barrera. La microbiota nasal y productos bacterianos, incluidos superantígenos de Staphylococcus aureus, añaden capas de activación inflamatoria crónica, convirtiendo al epitelio en un tejido en permanente estado de alerta que reacciona de forma exagerada a estímulos banales.

Desde una perspectiva integradora, estos mecanismos confluyen en un epitelio estructuralmente dañado, funcionalmente hiperreactivo y programado para favorecer la inflamación más que la tolerancia. Este “epitelio filtrante” deja de ser una barrera eficiente y se convierte en una puerta de entrada facilitada para alérgenos enzimáticamente activos y contaminantes, especialmente en individuos genéticamente predispuestos.

En la RA, los defectos funcionales intrínsecos y la debilidad de los mecanismos de protección del epitelio nasal conducen a una liberación excesiva de alarminas como TSLP, IL-33 e IL-25 tras la estimulación alérgica. Por ello, actúan como iniciadores clave, desencadenando la respuesta inmunitaria inflamatoria tipo 2 “downstream”.

Los principales mediadores críticos que dictan la magnitud de la respuesta inflamatoria son:

-Linfopoyetina Estromal Tímica (TSLP): Es una citocina de tipo IL-7 que actúa como el interruptor principal de la respuesta adaptativa. La TSLP se une a su receptor (TSLPR e IL-7Rα) en las células dendríticas (CD) CD11c+, induciendo la expresión de OX40L. Esta señal instruye a los linfocitos T vírgenes para diferenciarse en células Th2 de memoria (productoras de IL-4, IL-5 e IL-13). Además, la TSLP puede activar directamente a mastocitos y basófilos de forma independiente de la IgE, lo que explica la respuesta en pacientes con asma «no atópica».

-Interleucina-33 (IL-33): Miembro de la familia de la IL-1, se almacena en el núcleo de las células epiteliales y se libera tras el daño celular o necrosis. Actúa sobre su receptor, el ST2; expresado altamente en las células linfoides innatas de tipo 2 (ILC2). Es el estímulo más potente para la producción masiva de IL-5, correlacionándose directamente con la eosinofilia tisular profunda y el remodelado de la vía aérea. En fenotipos con alta carga de ADN extracelular y trampas de moco, la IL-33 es el mediador clave.

-Interleucina-25 (IL-25 / IL-17E): Producida en células caliciformes y quimiosensoriales (tuft cells), actúa de forma sinérgica con las anteriores. Promueve la expansión de las ILC2 y refuerza la señalización de tipo 2, exacerbando la metaplasia de las células caliciformes, la supervivencia de los eosinófilos y la hipersecreción de moco.

Este circuito epitelio–alarminas–ILC2/Th2 es el núcleo de la inflamación de tipo 2 moderna. La disfunción de barrera deja de ser un simple “facilitador” y pasa a ser el evento iniciador que convierte un epitelio sano, tolerogénico, en un epitelio patológico, proalérgico.

Rinitis alérgica y asma grave: una única enfermedad de la vía aérea

El modelo de “vía aérea única” cobra una nueva dimensión cuando se interpreta a la luz de la biología epitelial. La misma combinación de disfunción de barrera, liberación de alarminas y activación de ILC2 y Th2 se observa, con matices, en la mucosa nasal de la rinitis y en el epitelio bronquial del asma.

En la RA, el defecto de barrera permite que los alérgenos atraviesen el epitelio y sean captados por células presentadoras de antígeno, que inducen respuestas Th2 e IgE específicas. La exposición subsecuente a alérgeno desencadena una fase inmediata mediada por mastocitos y basófilos (histamina, leucotrienos, prostaglandinas) responsable de estornudos, rinorrea y prurito; seguida de una fase tardía con quimiocinas y citocinas que reclutan eosinófilos, linfocitos y basófilos. El epitelio inflamado produce quimiocinas (eotaxina, RANTES) y aumenta la expresión de moléculas de adhesión ICAM 1, VCAM 1; facilitando el flujo de células inflamatorias. Los eosinófilos liberan proteínas tóxicas que dañan aún más el epitelio, perpetuando el defecto de barrera y la hiperrespuesta nasal. Con el tiempo, se suman cambios estructurales (hiperplasia glandular, aumento de terminaciones neurales y vasculares) que explican la congestión persistente y la respuesta exagerada a irritantes.

En el asma alérgica grave, la misma lógica se aplica a la vía aérea inferior. La IgE específica actúa como factor causal inicial, pero la eosinofilia bronquial y el remodelado son consecuencia de una cascada inflamatoria mantenida, en gran parte alimentada por alarminas epiteliales y citocinas tipo 2. Las ILC2, activadas por TSLP, IL 25 e IL 33; producen IL 5 e IL 13 incluso sin reconocimiento clásico de antígenos, lo que ayuda a explicar la persistencia de inflamación aun cuando no hay exposición evidente a alérgenos. Esta inflamación crónica conduce a hipertrofia de músculo liso, engrosamiento de membrana basal y aumento de moco, favoreciendo obstrucción y hiperreactividad bronquial.

Clínicamente, rinitis y asma se potencian mutuamente: la RA se asocia a peor control asmático, mayor hiperreactividad y más exacerbaciones, mientras que el tratamiento adecuado de la vía aérea superior (corticoides intranasales, inmunoterapia en casos seleccionados) mejora parámetros de asma.

Desde mi punto de vista, seguir considerando rinitis y asma como entidades separadas resulta conceptualmente ineficiente. Si el epitelio es el verdadero “órgano diana”, cualquier intervención que no contemple de manera conjunta la vía aérea superior e inferior corre el riesgo de ser parcial, especialmente en fenotipos graves.

Implicaciones terapéuticas: del bloqueo “downstream” al abordaje “upstream”

En los últimos años se ha producido una auténtica explosión de terapias biológicas para el asma grave de tipo 2 (anti‑IgE, anti‑IL‑5/IL‑5R, anti‑IL‑4Rα), con impacto también sobre la rinitis asociada. Sin embargo, todas estas dianas operan en un nivel relativamente “downstream” de la cascada inflamatoria: una vez que la respuesta tipo 2 está plenamente establecida.

El reconocimiento del papel central de TSLP, IL‑33 e IL‑25 sugiere una estrategia complementaria: bloquear la señal de alarma epitelial antes de que se active el módulo Th2/ILC2. Los anticuerpos monoclonales frente a TSLP y frente a IL‑33 (o su receptor) representan ejemplos paradigmáticos de esta aproximación “upstream”, con resultados en reducción de exacerbaciones, mejora de función pulmonar y descenso de marcadores inflamatorios tipo 2 en asma grave.

Paralelamente, se investigan biomarcadores que reflejen de forma fiable la integridad de la barrera epitelial y la actividad de TSLP, IL‑33 e IL‑25, así como posibles ventanas de intervención temprana en pacientes con RA para prevenir la progresión hacia asma grave. También se evalúan las consecuencias a largo plazo de la inhibición sostenida de estas vías sobre la respuesta frente a infecciones y otros desafíos inmunológicos.

En conjunto, la literatura reciente sitúa la disfunción de la barrera epitelial, la liberación de alarminas y la inflamación de tipo 2 como núcleo patogénico compartido de RA y asma grave; y respalda estrategias terapéuticas que combinan la restauración de la barrera con la modulación selectiva de citocinas epiteliales y efectores de tipo 2.

El siguiente paso lógico sería evaluar de forma sistemática su impacto conjunto sobre rinitis y asma; y explorar si su uso temprano en pacientes con RA con alto riesgo (por ejemplo, biomarcadores de daño epitelial o alarminas elevadas) puede modificar la historia natural y prevenir la progresión hacia asma grave. La progresiva incorporación de tecnologías multiómicas y la mejor comprensión de la red inmunogenética de la RA apuntan a un cambio de paradigma: desde un manejo centrado casi exclusivamente en el control sintomático hacia un modelo de prevención, diagnóstico y terapéutica de precisión, guiados por las características moleculares de cada paciente.

La caracterización del perfil de biomarcadores de cada paciente podría permitir anticipar la respuesta a determinados fármacos biológicos y seleccionar de forma racional el tratamiento óptimo para cada individuo. Además, el estudio del uso combinado de biológicos e inmunoterapia alérgeno-específica pretende alcanzar una tolerancia inmunitaria más profunda y sostenida, con el objetivo de lograr remisiones prolongadas o incluso plantear el concepto de “cura funcional”.

Conclusión

En este contexto, mi posición es que debemos avanzar decididamente hacia una medicina de precisión centrada en el epitelio, pero con una prudencia proporcional a la profundidad de la intervención. Restaurar la integridad de la barrera (mediante medidas farmacológicas y no farmacológicas) y modular de forma inteligente las señales de alarma epitelial debería ser el núcleo de una estrategia integrada para RA y asma grave.

En definitiva, un modelo de enfermedad que no coloque al epitelio en el centro corre el riesgo de llegar siempre demasiado tarde.

 

Dra. Gloria Jiménez
Servicio de Alergología. Hospital Universitario de Badajoz

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La importancia de evitar los corticoides sistémicos en el asma: evidencia científica y recomendaciones https://epitelioplus.com/2026/01/14/la-importancia-de-evitar-los-corticoides-sistemicos-en-el-asma-evidencia-cientifica-y-recomendaciones-2/ Wed, 14 Jan 2026 16:38:56 +0000 https://elguateque.es/epitelioplus.com_new/?p=3862 El asma, una enfermedad crónica de alta prevalencia global, afecta a aproximadamente 339 millones de personas en todo el mundo y es una causa importante de discapacidad y mortalidad. La falta de control adecuado de la enfermedad, que puede derivar en exacerbaciones graves, ha llevado a que los corticoides sistémicos (CS) se utilicen con frecuencia como terapia de rescate o mantenimiento en pacientes asmáticos. Sin embargo, múltiples estudios han señalado los riesgos asociados con el uso de CS, especialmente cuando se utilizan de manera crónica o repetitiva.

En un estudio reciente basado en Big Data realizado en Castilla-La Mancha sobre 103 667 pacientes con asma bronquial, se encontró que más del 56 % de los pacientes asmáticos había recibido CS en algún momento durante el período de 2015 a 2019. Este porcentaje refleja un uso desproporcionado, especialmente si se considera que las guías internacionales como GINA (Global Initiative for Asthma), recomiendan restringir el uso de CS a casos de asma grave refractaria que no responden a tratamientos convencionales.

Patrones de prescripción según niveles asistenciales

El estudio también reveló que la mayoría de las prescripciones de CS ocurren en Atención Primaria (59 %), en comparación con especialidades como Neumología (20 %) y Alergología (13 %). Esta tendencia es preocupante, ya que los médicos de Atención Primaria pueden no tener acceso a herramientas avanzadas de diagnóstico o terapias innovadoras, lo que lleva a un tratamiento más generalizado con CS. Además, se observaron variaciones estacionales en el uso de CS, con picos durante los meses de mayor incidencia de exacerbaciones.

Evidencia de estudios previos

La literatura científica respalda esta tendencia, como se observa en un metaanálisis de 139 estudios que evaluaron el uso de CS en pacientes asmáticos de diversos entornos sanitarios. Este análisis encontró que entre el 3,6 % y el 62 % de los pacientes con asma recibieron CS. A corto plazo, fue aún mayor en pacientes con asma grave, con porcentajes que oscilan entre el 23,2 % y el 92,6 %. Hasta un 60 % de los pacientes con asma grave recibieron CS de forma prolongada. Estas cifras son un reflejo global de su uso excesivo, que persiste incluso en presencia de nuevas opciones terapéuticas. Esta tendencia contrasta con la que se ha observado en otras especialidades, como Reumatología, donde la prescripción de corticoides sistémicos ha caído drásticamente con la introducción de los tratamientos biológicos. 

Evidencia científica sobre los efectos adversos de los corticoides sistémicos

El uso de CS se asocia con un riesgo de efectos adversos a corto y a largo plazo. Entre los eventos adversos comunes se incluyen osteoporosis, diabetes mellitus, problemas gastrointestinales, cardiovasculares, infecciones, oftalmológicos, neurológicos y psiquiátricos.

Un aspecto crítico es que los riesgos de los CS son acumulativos. Los pacientes que reciben ciclos repetidos de CS tienen un riesgo exponencialmente mayor de desarrollar efectos adversos. Por ejemplo, los pacientes que reciben cuatro o más ciclos anuales tienen un aumento del 26 % en el riesgo de complicaciones frente a un 6 % en aquellos que reciben solo uno o dos ciclos. Además, en nuestro entorno es frecuente utilizar dosis que, como promedio, exceden la recomendadas (22 mg/día frente a las dosis recomendadas de <7,5 mg/día).

Biológicos: una alternativa con respaldo científico

La introducción de terapias biológicas ha cambiado el paradigma del manejo del asma grave. Los tratamientos biológicos han demostrado, en estudios clínicos y en práctica real, su eficacia para reducir las exacerbaciones, mejorar el control del asma y disminuir la necesidad de CS.

Evidencia de eficacia. Un análisis multicéntrico en España (ENEAS) encontró que los pacientes con asma grave tratados con biológicos presentaron una reducción significativa en el uso de CS. Estos datos están avalados con resultados de ensayos clínicos que han demostrado que el uso de biológicos en pacientes con asma grave redujo la necesidad de CS en más del 50 %.

Ventajas en seguridad. A diferencia de los CS, los tratamientos biológicos en asma tienen perfiles de seguridad mucho más favorables, con tasas de efectos adversos similares a las del placebo.

Acceso desigual a terapias innovadoras. Aunque los biológicos han demostrado ser efectivos, su implementación sigue estando limitada por restricciones económicas y políticas de acceso. Esto subraya la importancia de desarrollar estrategias que garanticen una distribución equitativa de estas terapias.

Falta de formación médica. El uso excesivo de CS en Atención Primaria indica una necesidad urgente de mejorar la formación en asma para médicos no especialistas. Iniciativas como talleres de actualización, programas educativos y elaborar criterios de derivación basados de datos de alerta, como el uso de CS, pueden ser clave para reducir esta tendencia.

Conclusión: una llamada a la acción

La evidencia científica es clara. Los CS, aunque útiles en contextos específicos, representan un riesgo significativo para los pacientes asmáticos cuando se utilizan de manera excesiva o inapropiada. Las terapias biológicas son una alternativa eficaz y segura, respaldada por numerosos estudios clínicos. En el contexto actual es fundamental implementar cambios en la práctica clínica incluyendo:

  1. Reducción del uso innecesario de CS: incorporar estrategias en las guías clínicas que promuevan el uso racional de CS y prioricen los biológicos cuando estén indicados.
  2. Formación y concienciación médica: educar a los profesionales de Atención Primaria sobre los riesgos de los CS y las opciones terapéuticas disponibles.
  3. Acceso equitativo a biológicos: garantizar que todos los pacientes elegibles tengan acceso a estas terapias mediante políticas de salud inclusivas.

Adoptar un enfoque basado en la evidencia no solo mejorará los resultados clínicos, sino que también optimizará el uso de recursos y mejorará la calidad de vida de los pacientes con asma.

Bibliografía

  • Izquierdo JL, Almonacid C, Campos C, Morena D, Benavent M, González de Olano D et al. Systemic Corticosteroids in Patients With Bronchial Asthma: A Real-Life Study. J Investig Allergol Clin Immunol. 2024 Oct 1;33(1):30-38. doi: 10.18176/jiaci.0765. Epub 2021 Apr 15. PMID: 34779775.
  • Bleecker ER, Menzies-Gow AN, Price DB, Bourdin A, Sweet S, Martin AL et al. Systematic Literature Review of Systemic Corticosteroid Use for Asthma Management. Am J Respir Crit Care Med. 2020 Feb 1;201(3):276-293. doi: 10.1164/rccm.201904-0903SO. PMID: 31525297; PMCID: PMC6999108.

 

Dr. José Luis Izquierdo Alonso
Jefe del Servicio de Neurología
Hospital Universitario de Guadalajara

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